Aprende a identificar una relación violenta

Aprende a identificar una relación violenta

El concepto de indefensión aprendida es relativamente nuevo en la psicología y se refiere a la situación que vive una persona que es dominada por otra y en la...
Aprende a identificar una relación violenta.

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Mariana Peña | Editora

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El concepto de indefensión aprendida es relativamente nuevo en la psicología y se refiere a la situación que vive una persona que es dominada por otra y en la que la persona sometida ya ni siquiera intenta defenderse por creer que no va a lograr nada. Es muy triste vivir una situación así y la ignorancia del fenómeno lo agrava.

 

Vivir la “indefensión aprendida” con el otro es el resultado de diversos componentes, entre los que destacan:

 

1. La persona sometida ha interiorizado los deseos y los valores de quién los domina, incluso considera necesario anticiparse a ellos. Esto significa vivir muy pendientes del estado de ánimo del otro: no se vaya a enojar si no le doy esto o hago aquello. También supone que considero que lo que el otro quiere es mucho más importante que cualquier otra cosa, incluso que lo que yo quiero.

 

2. La persona sometida ha aprendido que defenderse no sólo no resuelve la situación, sino que incluso la agrava. Es decir, sus primeros intentos por defenderse u oponerse a la voluntad del otro no funcionaron y entonces ya no se intenta de nuevo por considerar que no hay modo de tener éxito.

 

Identifica a una persona violenta


 

Es indispensable reconocer que la tolerancia a la violencia depende de su identificación. No podemos oponernos a lo que no existe. La violencia no siempre es manifiesta con golpes o maltrato físico. La violencia se da en las relaciones de modos muy sutiles que van desde el maltrato verbal hasta la indiferencia y el silencio como modo de dominar al otro. Un gesto, una palabra, un silencio o una actitud pueden causar heridas muy dolorosas y hasta daños permanentes.

 


 

Identificar la violencia es el primer paso para erradicarla: cualquiera de los siguientes comportamientos, entre otros, son violentos:


  • Los comentarios agresivos e hirientes sobre tu aspecto físico, tu modo de ser y tu modo de actuar

  • Las limitaciones que otros te imponen para que te separes de amigas, amigos, familia o compañeros de trabajo, argumentando sin ninguna evidencia que no son positivos para ti

  • Las presiones para que cambies de comportamiento a través de la manipulación

  • Las amenazas de dejarte, de no darte dinero, de que alguien se va a quitar la vida sí lo dejas o de castigarte de algún modo

  • Los cambios bruscos de humor del otro, que te atribuyen cómo si tu fueras la culpable

  • Humillaciones de cualquier tipo

  • Las intrusiones a tu vida privada: cómo leer tu correo, revisar tu cartera, escuchar tus llamadas, etc.

  • Los silencios de indiferencia, los gestos de desaprobación, el no compartir contigo su mundo, el menospreciarte

  • Toda violencia o maltrato físico

  • Forzarte a tener relaciones sexuales o a tenerlas de modos que tu no deseas

  • Discriminarte por tu orientación sexual, tu posición económica, tu trabajo, tu raza, tus orígenes, etc.

 

La lista puede ser interminable, lamentablemente, las personas podemos desarrollar violencia en nuestras relaciones incluso sin estar conscientes de ello. Debemos revisar continuamente nuestros modos de actuar con los demás. Debemos estar muy atentos a lo que sentimos. Sí te sientes triste, deprimido, agotado emocionalmente, asustada, y especialmente sí sientes que estás todo el tiempo atenta al estado de ánimo de la otra persona y te preocupa que se vaya a enojar, a salir de control, a enfurecer o a violentar: cuidado.

 


 

En el momento en el que le cedes al otro el poder sobre tu estado de ánimo, en el momento en que tu atención está puesta en detectar cualquier cambio de humor del otro, es seguro que puedes saber que estás viviendo una situación de violencia. Y es, muy probablemente, el momento en el que debes pedir ayuda profesional, porque si permites que esto continúe, seguiras teniendo el mismo problema, la violencia no se arregla por sí sola y en muchas ocasiones la persona agresiva no cambia. No se va a arreglar sí lo hablan, no se va a arreglar si tu cambias. Es muy duro aceptarlo: a veces, la persona violenta NO va a cambiar.


Cuidar de nosotros mismos es nuestra más grande responsabilidad. Sí somos infelices, vamos a hacer muy infelices a otros. No culpemos a los demás por nuestra incapacidad para poner límites.


Hagamos las paces con nosotros mismos. Yo creo que amarse a uno mismo es una tarea a la que no debemos renunciar, el precio que se paga por no quererse, es demasiado alto. Creo que si cada uno de nosotros nos hacemos responsables de nuestra propia paz interna, esto se reflejará en la humanidad entera.

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